Desde hace muchos años, lo vinculado al manejo de nuestro fútbol da para el comentario. Durante 35 años, el principal responsable fue Julio Grondona, quien –sabido es por todos- se movía a sus anchas, legal o ilegalmente. Podría afirmarse que esto último era un tema menor y sin mayor importancia. Nadie quiso o nadie pudo poner freno a sus manejos y
desmanejos.
Fallecido Don Julio, el barco navega desde el mismo momento de su muerte, a la deriva. Sin timón, y sin que haya surgido una persona en el seno de la AFA, con autoridad moral suficiente como para tomar firmemente la conducción. Como si esto no fuera de por sí un serio problema, desde el año 2009 apareció en escena el Estado Nacional con el Programa Fútbol para Todos.
Para averiguar sobre la existencia de irregularidades en la entrega y distribución de fondos públicos a la AFA, desde esa fecha, en el año 2014 se inició ante la Justicia Federal un proceso, en el cual se designaron tres veedores judiciales. El cambio de gobierno, ocurrido a fines del año 2015, dio una vuelta de tuerca a todo este entramado, toda vez que se amagó con poner en crisis la ingerencia de hecho del Estado (esencialmente por el aporte de fondos), en la AFA. En diciembre del año 2015 –también-, se produjo la frustrada elección de autoridades, con el papelonesco espectáculo que significó la aparición de 38 votos para cada uno de los dos candidatos, con 75 votos emitidos.
Recordamos que la Asociación Civil Salvemos al Fútbol (SAF) requirió en esos momentos, por escrito a la IGJ (vinculada al Ministerio de Justicia de la Nación), la intervención formal de la AFA. Se imponía por el lapso de 180 días, para que el 1º de julio del año 2016 se la entregara saneada a las nuevas autoridades, elegidas con los controles, legitimidad y transparencia que debería garantizar la Inspección General de Justicia. Así lo expusimos. Nada se dispuso al respecto.
Transcurridos varios meses, y puesta en crisis por el Poder Ejecutivo actual la entrega de dinero por parte del Estado a la AFA, se asfixió económica y financieramente a la entidad rectora del fútbol argentino. Apareció entonces, sorpresivamente, la idea de crear una Superliga, como las que funcionan en algunos países de Europa, en especial Alemania o España. Es más, de éste último país llegó el Director o Gerente supervisor de la formada allá, y dio varias charlas para explicar su mecanismo, normativa, etc.
Fallecido Don Julio, el barco navega desde el mismo momento de su muerte, a la deriva. Sin timón, y sin que haya surgido una persona en el seno de la AFA, con autoridad moral suficiente como para tomar firmemente la conducción. Como si esto no fuera de por sí un serio problema, desde el año 2009 apareció en escena el Estado Nacional con el Programa Fútbol para Todos.
Para averiguar sobre la existencia de irregularidades en la entrega y distribución de fondos públicos a la AFA, desde esa fecha, en el año 2014 se inició ante la Justicia Federal un proceso, en el cual se designaron tres veedores judiciales. El cambio de gobierno, ocurrido a fines del año 2015, dio una vuelta de tuerca a todo este entramado, toda vez que se amagó con poner en crisis la ingerencia de hecho del Estado (esencialmente por el aporte de fondos), en la AFA. En diciembre del año 2015 –también-, se produjo la frustrada elección de autoridades, con el papelonesco espectáculo que significó la aparición de 38 votos para cada uno de los dos candidatos, con 75 votos emitidos.
Recordamos que la Asociación Civil Salvemos al Fútbol (SAF) requirió en esos momentos, por escrito a la IGJ (vinculada al Ministerio de Justicia de la Nación), la intervención formal de la AFA. Se imponía por el lapso de 180 días, para que el 1º de julio del año 2016 se la entregara saneada a las nuevas autoridades, elegidas con los controles, legitimidad y transparencia que debería garantizar la Inspección General de Justicia. Así lo expusimos. Nada se dispuso al respecto.
Transcurridos varios meses, y puesta en crisis por el Poder Ejecutivo actual la entrega de dinero por parte del Estado a la AFA, se asfixió económica y financieramente a la entidad rectora del fútbol argentino. Apareció entonces, sorpresivamente, la idea de crear una Superliga, como las que funcionan en algunos países de Europa, en especial Alemania o España. Es más, de éste último país llegó el Director o Gerente supervisor de la formada allá, y dio varias charlas para explicar su mecanismo, normativa, etc.
